Destino Manila

Hace hoy ya casi 4 años que puse por primera vez pie en Manila. Fue en febrero de 2012 y venía cargado de ilusiones ya que era mi primera puesta de contacto con el continente asiático. Justo en la cinta de recogida de maletas del Aeropuerto Ninoy Aquino, constaté lo que podría considerarse un preludio de lo que me esperaba a continuación. Una barbaridad de gente se agolpaban recogiendo sus equipajes y todo tipo de dispositivos electrónicos que habían comprado en Dubai. Eso sí, caras sonrientes y carcajadas por todos lados. Desde el primer momento ya vi que los filipinos iban a hacer de la experiencia algo grande.

Primeras impresiones

Fue salir de la terminal, respiré y recibí ese golpe tropical que da en estas latitudes y ahí fue cuando ya me di cuenta de una vez por todas que había llegado a un mundo nuevo.

Tomé un taxi con destino al condominio que tenía alquilado en pleno centro de Makati City, el distrito financiero de Metro Manila. Quedé ensimismado con la cantidad de rascacielos que se erigían a lo largo de nuestro camino según recorríamos la Skyway , la autopista que conecta el aeropuerto con Makati. El taxista era muy simpático y, al preguntar de dónde venía y decirle que era español me empezó a comentar que sus antepasados eran españoles. Y es que es increíble pensar que los españoles estuvieron por algo mas de 300 años. Después descubrí que todo filipino se enorgullece de sus orígenes españoles y es un buen punto de partida para iniciar una conversación con ellos.

Según avanzábamos entre un mar de vehículos,  podía visualizar con mas detalle este gigante urbano. Había una mezcla de rascacielos, con barrios de casas en medio de una selva frondosa y además de chabolas a algunos lados. También se avistaba algún campo de golf y lo mas curioso era que en lo alto de algunos rascacielos aparecían mensajes en inglés diciendo “Dios te ama”. Fue impactante ver la cantidad de gente que había y las mil maneras de ganarse la vida que observé en cuestión de minutos. En definitiva todo es distinto y hasta echar gasolina lo es. En pleno transcurso, el taxista se paró a echar gasolina, me quedé pensando, “pero bueno ¿qué hace?” Lo mas fuerte es que echó gasolina con el coche en marcha. Casi se me sale el corazón y él se moría de la risa ya que no entendía por qué estaba tan exaltado.

Después del sustillo echando la gasolina, llegué a mi condominio que se encontraba en una zona lujosa de la ciudad. Llegué a mi ventana y observé desde la planta 27 que estaba en un mundo distinto y no os voy a engañar, sentí un subidón desde el primer momento. Desde allí arriba podía ver mucho de la ciudad y honestamente siempre me encantaron los contrastes.

A pesar del ruido constante, de las bocinas de los coches, jeepneys, triciclos , autobuses y un sinfín medios de locomoción me pareció que dentro de este caos todo estaba lleno de vida rebosante y Manila, queridos lectores, es una urbe que rezuma una única vida caótica pero a la vez es adictiva. El concepto 24/7 de ciudades como Nueva York aplica de lleno en Manila. Aquí podrás comer a la hora que sea, si te apetece darte un masaje en casa a las tantas porque no puedes dormir también como si te apetece un mango o un coco recién cortado. Cualquier “disparate” que se te pueda ocurrir, allí lo tienes disponible cuando te apetezca.

No es ningún secreto que Filipinas es un país en pleno desarrollo económico ni tampoco es ningún secreto que tiene unas desigualdades brutales. Manila es el mayor ejemplo. En ella habitan unos 12 millones de almas repartidos por un conjunto de 17 ciudades que conforman la llamada Metro Manila.

A día de hoy hay de todo en Manila y para el turista que pase unos días la oferta es enorme. De modo que cuando pases por Manila para volar a otros sitios de Filipinas creo que es imprescindible adentrarse en esta jungla de hormigón ya que te va a ofrecer gratas sorpresas. Como todo en la vida, hay que saber qué hacer, qué ver, qué comer, dónde ir y obviamente lo mas importante es cómo y de la mano de quién, para que la experiencia sea lo mas provechosa. Tuve la suerte de caer con una gente maravillosa que me enseñaron muchas de  las caras de esta ciudad y es que un año de vida allí, dio para mucho.

Incluso si sientes nostalgia de tu vida occidental y te quieres sentir como tal, en Manila, puedes. Y además con muchos valores añadidos ya que la típica expresión de lujo asiático, se da allí y a un precio muy asequible. La influencia de Estados Unidos es brutal y hay zonas como por ejemplo Fort Bonifacio(Global City) donde creerás que estás en cualquier distrito de una ciudad norte americana. Tanto hoteles de lujo, skybars, restaurantes de primera, tiendas internacionales y todo tipo de ocio están a tu disposición.  De hecho, en todo Manila y sobretodo en los distintos financieros hay una enorme oferta de restaurantes de todo el mundo, así que cualquier antojo que tengas será complacido.

La herencia yankee ha calado hondo en este archipiélago y  es que la cultura del consumismo y visitar Filipinas son sinónimo de comprar. Aunque yo personalmente no soy muy dado a este tipo de corriente, todos somos libres y un poquito de compras nunca vienen mal.  La cultura del “mall” o de los centros comerciales tiene su máxima expresión en Manila. Gigantes como Mall of Asia o  Greenbelt en Makati City da la oportunidad además de darse un paseo por pleno centro del distrito financiero mas importante. Incluso algunos los combinan con opulentos casinos, por si quieres tentar a la suerte. Ahora bien, si quieres conseguir cosas como las que se encuentran en cualquier lado pero mas baratas, ;) no te puedes perder Green Hills en San Juan City. 

Si te interesa comprar algo más auténtico y no solo todo aquello que en cualquiera ciudad del mundo señalaría la tienda Kultura. Siempre es una buena elección para cualquier souvenir o para ti ya que tiene ropa, artesanías, bisuterías, decoración y un largo etcétera. La verdad que siempre he acertado con todas las personas a las que les he llevado un detallito de aquí.

La Manila mas profunda

Apartándose un poco de estos mega malls creo que ir a Manila requiere principalmente tirarse al barro. Barrios como Malate o Ermita te mostrarán la noche mas local y una cara mas atrevida de la ciudad. Aunque las calles tengan mas mala pinta y la pobreza sea mas evidente, hay muchos locales con música en directo (mis favoritos de reggae) y karaokes que merecen la pena ser descubiertos. Además, el mercadeo ambulante está presente en todo el país y es que cuando uno está en la calle es cuando se palpa la verdadera esencia pinoy . El que mas solía frecuentar por su particular atmósfera y por  su autenticidad es el mercado que se encuentra en Quiapo. Las malas lenguas dicen que es algo peligroso, no obstante mi experiencia, la de numerosos amigos y compañeros evidencian lo contrario ya que nunca tuvimos ningún incidente, ni conocemos de nadie que lo tuviera. Por tanto adelante, y como todo en la vida, con precaución mejor. Allí se encuentra la Iglesia de Quiapo o formalmente llamada Parroquia de San Juan Bautista.  Más que bonita, me pareció sobrecogedor la cantidad de fieles que se encontraban dentro del templo. Jamás he podido presenciar tal fervor y os digo en serio que no cabe ningún alfiler. Como dato curioso, en esta iglesia se encuentra una figura de un Cristo Negro, que para los filipinos de la zona es sagrada y muchos fieles vienen exclusivamente a venerarlo. Y bueno,  no quiero desprestigiar su belleza pero el hecho de venir de un país como España deja el listón muy alto.

Lo bueno de andar por esta zona es que además queda muy cerca del China Town de Manila por el distrito de Binondo. Como todo Chinatown que se precie encontrarás restaurantes a mansalva y un sinfín de establecimiento de joyas. Lo mejor es cuando se celebra el año nuevo chino ya que se hacen las festividades típicas. Como dato curioso, se dice que fue de los primeros barrios chinos del mundo.

En barrios como estos se respira la verdadera vida de los manileños lejos de los lujos de unos cuantos. Impresiona ver tanta gente viviendo de una manera tan distinta y siempre con una alegría que se transmite y se nota en el ambiente. Y es que los filipinos se toman la vida de otra manera, ¿dónde si no se verían a policías bailando mientras ordenan el tráfico masificado de avenidas repletas de vehículos?

Intramuros – Murallas que encierran historia colonial

Una de las zonas con mas encanto sin duda, y que al turista le resulta mas curiosa es adentrarse en Intramuros, que como su nombre indica era el distrito amurallado. En el 2015 se le incluyó en el Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España.

Esta era la zona donde se gobernaban las Filipinas españolas y es que a pesar de que estás en otro mundo, quedan vestigios de esa herencia española por todos lados. Desde la arquitectura colonial hasta los nombres de las calles. Lamentablemente quedó devastada tras el paso de la Segunda guerra mundial. Aún así todavía quedan restos y/o réplicas de edificios. Tiene un entramado de callejuelas donde aún se respira colonialismo.

El Fort Santiago y la Iglesia de San Agustín no te las puedes perder, de hecho hay un guía fantástico como es Carlos Celdrán. Él te hará vivir cuál fue la historia de este distrito. Es todo un personaje dentro de Manila y recomiendo sin duda una guía con él puesto que es muy entretenido y escénico.

No solo es Intramuros una parte interesante, muy cerca se encuentra el Parque Rizal. Las zonas verdes no abundan en esta mega ciudad es por ello que este parque aparece como un verdadero oasis donde familias y lugareños disfrutan del espacio verde.  Hay que mencionar que José Rizal es considerado el héroe nacional y su fusilamiento supuso uno de los puntos de partida de la revolución filipina que puso punto y a parte a la dominación española.

Muy cerca del parque, está la bahía de Manila – recomiendo ver alguna puesta de sol ya que el sol cae de pleno en el mar y como en toda Filipinas, el cielo se pinta cada día de un color distinto. En la bahía además se encuentra el Roxas Boulevard con su paseo marítimo que finalmente ha sido renovado y ha dejado un paseo la mar de agradable.

Un toque anecdótico

Obviamente, habrá mas entregas sobre Manila. Esta ciudad da para mucho. Aún así quiero cerrar el post con una bonita historia que me ocurrió y que me hizo ver lo bondadosa y gentil que es la población filipina.

Una noche salí con unos amigos, al salir del taxi se me cayó el móvil del bolsillo.  Al cabo de unos días, recibí un aviso de un amigo que había sido contactado por el que había rescatado mi móvil ya que esta persona quería devolvérmelo. Lo que es algo aparentemente normal a mi me sorprendió gratamente ya que esta persona se recorrió esta mega ciudad y tardó una hora larga en llegar al lado de mi casa, ya que él vivía en Quezon City, que con el tráfico la jornada te puede llevar hasta dos horas.

Lo que más me movió es que este señor de mediana edad recorrió todo esto para darme un “movilucho” que no valía nada. Le di mil gracias y le dije que había sido todo un detalle por su parte dada la poca valía del móvil . Él me dijo que hay cosas que para algunos son muy valiosas y que él no era nadie para  pronunciarse al respecto. Me dijo que a él también le habían devuelto cosas que había perdido lo cual le parecía una buena razón para continuar con esta cadena de favores. A mi se me quedó una enorme sonrisa en la cara y le prometí que continuaría con su propuesta.  

 

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