Leyte | Perdidos en las islas más remotas de Filipinas

Una de las cosas que siempre he valorado más de mi estancia en Filipinas es esa sensación de estar absolutamente ilocalizable y de perderme a posta. En definitiva, estar en sitios tan remotos que incluso no sabrías decir con precisión en qué parte del mapa estás. Y es que perderse, ¡sienta de maravilla!

Siempre tuve mucha curiosidad por saber cómo era sentir el llegar a sitios que no tenías en mente e ir simplemente dejándote llevar e ir hacia delante. Ver qué parte del mapa será a la que te dirijas. Y es así, como mi primera ruta hacia “ lo desconocido” se fue materializando. El destino elegido fue Leyte – Isla lolicazada en el este de Filipinas.

Ruta de Manila a Leyte

Salí en avión desde Manila y aterricé en Tacloban (Isla de Leyte) , allí esperé durante varias horas hasta que llegaron mis compañeros de viaje:

  • Constanza (una madrileña trabajando también en la Cámara Española de Comercio)
  • Irene (otra madrilena amiga de Constanza que vino de visita)
  • Sean (un estadounidense que vino a descubrir algunas islas ya que vivía en Japón)
  • Karina (la cónsul de Mexico en Filipinas en aquel momento).

Nada más salir de la terminal, tuvimos un aluvión de locales ofreciéndonos una van, así que negociamos precio y pusimos rumbo hacia el norte. Nos habían contado que había mucho por descubrir y, sin duda, así fue.

Hacia el norte de Leyte

Hicimos noche en Almería, en la isla Biliran, en un resort bastante asequible que nos encontramos en ruta. Recuerdo que no había ningún turista hospedándose y éramos solamente nosotros más el staff del resort. Llegamos hambrientos, por tanto, nos fuimos directos a cenar y acabamos cantando karaoke con algunos jóvenes que imaginamos eran familia de los dueños. Amanecimos muy temprano y como no teníamos ningún plan definido, comenzamos a preguntar para saber las opciones que teníamos. Finalmente, decidimos irnos con unos locales en sus motos isla adentro en busca de paísajes y cataratas.

La ruta fue una pasada, unos paisajes llenos de cocoteros y palmeras que se disponían de cualquier forma por todas las colinas y montañas. Allá por donde pasaramos la gente siempre saludaba.

Arrozales, palmeras y montañas de camino a las cataratas

Los motoristas nos llevaron a una catarata escondida en laa la isla llamada Tinago Falls. Tinago significa escondido y, desde luego, que no fue fácil acceder. Allí estuvimos un par de horas, disfrutando del agua y del escenario único que nos rodeaba.

Tinago Falls

Cuando ya nos quedamos arrugados de tanta agua, les dijimos a los moteros que nos dejaran en el Puerto de Naval para poder embarcar destino a la isla de Higatangan.

Higatangan Island

Llegamos al anochecer y nos fuimos al primer resort que nos encontramos ya que cortaban la luz al poco rato de estar allí. ¡Y sí, en muchas islas de Filipinas la luz se corta a partir de cierta hora!

Puesta de sol en Higatangan

La gente del resort fue muy amable y nos preparó una cena buenísima. Un pollo con adobo clásico. Como era aún temprano y nos quedaban energías nos fuimos a dar una vuelta siguiendo el camino que marca la única carretera de la isla.

Y tan típico de cualquier zona tropical, empezó a llover muchísimo así que nos apresuramos a buscar refugio. Vimos un edificio que resultó ser un antiguo hotel y nos metimos dentro. Se trataba de un pequeño hotel que lo regentaba una pareja de ancianos. Nos dijeron nos podíamos quedar hasta que la lluvia terminase. Mientras tanto, nos contaron emocionados una curiosa historia de la isla y es que ésta sirvió de refugio para el Presidente Marcos durante la Segunda Guerra Mundial. Era una pareja entrañable dispuestos a contarnos todo tipo de historias ofreciéndonos toda su hospitalidad mientras llovía a cántaros. 

Al día siguiente, nos adentramos en la aldea y en la jungla de la mano de un local que nos hizo de guía. Tras hacer una ruta andando de unas dos horas, atravesamos una curiosas formaciones rocosas bajando por escaleras por una una pequeña jungla. Lo mejor fue finalizar en una playa totalmente salvaje donde sólo había un par de locales con sus botes.  Pudimos relajarnos, disfrutando de la atmósfera del  para después volver en bangka a nuestro resort ya que oscurecía. Ese paseo en bangka justo cuando atardecía fue espectacular. En ese momento, adquirí conciencia de la suerte que estábamos teniendo y de lo única que estaba siendo la experiencia de perderse e ir dejándonos llevar.

Hacia el sur de Leyte

Dejamos Higatangan, su lengua de arena y sus amables locales por la mañana bien temprano ya que sabíamos que se nos presentaba un largo día por delante.

Higatangan al amanecer

Puesto que era Semana Santa, y ya sabíamos del fervor de los filipinos, en nuestra ruta nos encontramos con numerosas recreaciones de la crucifixión.

Celebraciones típicas de Semana Santa en Filipinas

Y tras una larga jornada en van...

Llegamos a un resort para buceadores localizado en la zona de Padre Burgos. El precio fue excesivo, dado que nuestro conocimiento era nulo no nos quedó más opción. Saber dónde quedarse cuando uno va a Filipinas es básico y aquí nos dimos cuenta de lo importante que es tener conocimiento en el terreno para evitar pagar más por ser turista o quedarte en sitios que dicen que son buenos y después no lo son tanto.  En Filipinas, hay sitios que por un precio normal tienen buenas condiciones, eso sí localizarlos no es fácil. Tirar de guías tipo Lonely Planet ya no es suficiente y es que muchos de los alojamientos o restaurantes que aparecen en las guías están más que patrocinados o sus contenidos están desfasados. 

Viajar en todo tipo de transportes es parte de la experiencia filipina

Al despertarnos dimos una pequeña vuelta por la población. Al ver que no nos decidíamos dónde quedarnos o qué hacer, nos convencimos que la expedición tenía que continuar y en vez de contratar cualquier actividad, decidimos ir más allá y plantarnos en la Isla de Limasawa. Porque sí. 

Limasawa Island

Playa en Limasawa

Probablemente uno de los mejores recuerdos que guardo de este viaje son atribuibles a esta isla. Mientras íbamos en el barco, tuvimos la suerte de conocer a un escocés (único extranjero a bordo). Se acercó por el mero hecho de practicar su español ya que vivió en Barcelona. Scott, un inglés de unos 55 años que vive y trabaja en Hong Kong, estaba muy sorprendido por nuestra osadía ya que nos comentó que no había sitio en esta isla para viajeros, ya que nunca venían turistas. Sin embargo, nos ofreció amablemente su casa y nos habilitó una habitación con colchones para todos . Y madre mía, ¡qué suerte tuvimos!

Jardín a pie de playa

La casa que tiene a pie de playa es preciosa. Además, nos invitó a todas las comidas durante nuestra estancia. Fue lo que se dice un gran anfitrión. Durante dos días nos mezclamos con la familia que vivía en la casa. Parecía que ya eramos parte de allí. Los locales se acercaban a curiosear por qué había extranjeros por allí y nosotros más que encantados de participar en la vida local. Es tan así, que una noche nos recogieron en motos para llevarnos a la barriada principal de la islita llamada Triana. Allí nos invitaron a cenar para después llevarnos a la playa. Era tal el espíritu de acogida que nos metieron en sus casas a beber ron y a cantar karaoke. Nuestra visita coincidió con las fiestas locales y pasamos una noche inolvidable. Nos fuimos emocionados tras haber pasado horas, cantando, bailando, riendo y dándonos cuenta de lo similares que somos en muchos aspectos, aunque vengamos de mundos muy distintos. Experiencias de estas te acercan más a otros modos de vida, y en definitiva, te acercan más a la vida. 

Celebrando las fiestas locales con la gente del pueblo

Mientras tanto, disfrutamos de la isla, de sus barriadas, de sus gentes y de sus vistas en colinas totalmente verdes. Pudimos descubrir que  la primera cruz católica que se colocó en suelo filipino fue en Limasawa de la mano de Magallanes.  Es por ello que, la primera misa católica de la historia de este país tan católico se oficio aquí. Es de tal magnitud este acontecimiento que la ley filipina ha declarado a este templo "Santuario Nacional", por tanto, es de interés primordial en la memoria histórica de este archipiélago.

Las sonrisas de los niños filipinos siempre te acompañan en tu camino

Gracias a Scott, conocedor de los alrededores de Limasawa, nos llevó a hacer un snorkel en un santuario marino donde pudimos presenciar una pared de coral alucinante. Nos comentó que esta zona es también idónea para ver a los butandines o tiburones-ballena, sin embargo ya no teníamos tiempo suficiente porque nos íbamos al día siguiente. Siempre hay que dejar cosas pendientes para así volver. 

Cuando llegó el momento de decir adiós nos dio una pena enorme ya que la conexión con ellos fue increíble, lo mejor de Filipinas son sus gentes y lo fácil que lo hacen para que conectes con ellos.

Y es cuando estamos en los lugares más desconocidos, cuando invitamos a lo inesperado, lo extraordinario entra en nuestras vidas y Limasawa fue un claro ejemplo de ello.

 

Limasawa supuso el punto y final de nuestra expedición a Leyte. De vuelta a Tacloban, para coger nuestro avión de regreso a Manila, hicimos una parada donde se ha erigido el monumento que representa el momento en el que el General MacArthur volvió a Filipinas para liderar la lucha contra las fuerzas japonesas en 1944. Este monumento es de interés nacional por el cambio histórico que supuso para Filipinas. 

 

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